
Un niño blanco duerme. No tiene color: pelo blanco, piel blanca, incluso los ojos son blancos, apenas una línea negra separa las pupilas de las escleras; al abrirlos la gente siente lástima por el niño ciego, y el niño ciego siente lástima por ellos que lo ven como si no viera mientras él observa.
Camina. Corre. Salta. Canta. Juega a no mirar, no quiere gastar las pupilas; las prepara para algo asombroso.
Está tirado sobre el pasto mojado. Llora por estar solo, porque los otros se han ido. Llora gotas de resistol que se secan en su cara.
Ve al cielo sin luna.
Sólo estrellas.
El cielo sopla para sí, sopla otra vez, pasa por el niño, enfría sus ojos, extrae un poco de blanco borroso, y sube otra vez. Gira en espiral y forma una luna llena que asesinará a la otra para quedarse con ella: sin fases, jamás sonreirá. Le agradece lanzando estrellas que convierte en abejas brillantes, de cuerpo redondo, de alas de aire.
Deslumbrado, lo poco que le queda de ojos ve luciérnagas, luces blancas. Tienen el mismo color, pero él no titila; necesita irradiar.
Construye vuelos de hilo y papel. Se arroja desde balcón. Espera elevarse: las alas lo harán brillar. Las agita mientras cae. Abre los ojos. No refleja.
Un patio de piedra.
Sangre en la cabeza.
En cama al día siguiente. Una habitación para niño raro. Un cuarto de fotografía. Lugar de nanas.
Alrededor de la cama hojas: un niño fulgurante, un niño estrella, un niño cama.
Duerme: sueña.
Ha caído. Notó que no arderá. La vista ha muerto, ve como los demás.
Encuentra una hebra transparente, la pasa a través de la aguja. Cierra los párpados. Sube y baja, metal frío. Entierra, rasga, cuesta trabajo perforar. Dolor. Hilo forma ondas, une. Ojos rojos, ojos morados, segados por hilo, por aguja, por pegamento. Solloza.
Y se coloca las alas. Guiado por las manos rompe figuras de porcelana.
Nana desesperada sube, teme que el niño se lastime. Grita.
Desde el pretil se vuelve. Ella grita. Él imagina cómo se ve. Ella corre. Él dice adiós, y salta, y vuela, y brilla.
Un cementerio. Gente que llora por un cuerpo apagado habla.
—Pobre niño ciego..
Desde el árbol una luciérnaga con alma de niño se enciende y vuela entre las personas negras que se van.
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